Blogia
Joaquim de Catalunya

Elogio del Imbécil

El Imparable ascenso de la estupidez
Pino Aprile
Ediciones Temas de Hoy  2002

Un día trasteando por internet vi con cierta gracia a una tal Gloria, seguramente amiga o seguidora de mi amiga Magda Casamitjana, y esta le recomendaba cierto libro. ‘Elogio del Imbécil’, así se llama el libro. El libro es una reflexión sobre tantas criaturas y tantos, que teniendo un pequeña parcelita de poder, se sienten como endiosados, medio algo, que casi siempre no llegan a ser ni medio nada, pero que nos hacen que la vida sea dudosamente más graciosa, mas inverosímil o increíble, y a veces rayando una estupidez permanente, tenemos de soportar gente enferma. Muchos de estos, son enfermos de espíritu. No sé si estos son los peores. He tenido la suerte de poder leer en la red algunos comentarios y partes del libro de Prino Abrile –así se llama su autor- y me parece un libro de un genio, hecho para gente que quiere llegar a un doctorado, dentro del mundo de la imbecilidad y por extensión y méritos, a una genial estupidez.

Este libro también nos hace meditar que ningún tonto se queja de serlo y a ninguno le va tan mal. Curioso, ¿no?

Con este libro me sentiré un poco más liberado. Entenderé aun más si cabe, algunos seres humanos y esta libertad que durante tantos años nos han querido imponer y con socarronería nos decían: “Tenemos de ser todos iguales y libres, mientras vosotros sed: inconscientemente esclavos y deliciosamente tontos, pero al fin algunos siempre han sido y serán mucho más iguales que otros”  Quim

Os dejo unos comentarios que definen el contenido del libro. Si alguien se siente identificado como un gran imbécil o un estúpido en vías de extinción, o no y sigue creando y procreándose y pro-creyéndose, le rogaría que me mandara un @mail y a ser posible que esta vez nos sea con un virus, troyano o algo similar. Porque esto ya no es imbecilidad, tontura o estupidez, esto es tener muy mala leche. Que ya son años. ¿No os parece?

Sinceramente y atentamente muchas gracias desconocida Gloria y apreciada Magda.

Quim Pedret

*Cuando me refiero a ‘poder’, me refiero a cualquier tipo de poder. Nadie que quiera o haya sentido el ‘poder’ queda excluido. Hablo de todo tipo de ‘poder’, sea social, político, económico, jurídico, ejecutivo, prensa, laboral, o doméstico.

 

Comillas"Esta obra surgió entre una distendida y amigable conversación entre el autor y el Premio Nobel Konrad Lorenz, y responde a esa pregunta que todos nos hemos hecho tantas veces: ¿Por qué nadie está libre de ser un perfecto imbécil?"
El libro mezcla, un poco en broma, un poco en serio,el humor con la realidad más asombrosa y más cruel que se transmite en los comportamientos de una sociedad que, a fuerza de contraponer ideas tan dispares, como la inteligencia y la imbecilidad, nos deja perplejos por el derrotismo de una y el poder infinito y devorador de la otra.

Sostener que la imbecilidad es un arma que la sociedad de hoy en día utiliza para la defensa y triunfo de las ideas que conservan a la propia especie, es sostener que la estupidez es consecuencia del progreso y como tal el camino al que el ser humano ha llegado a través del proceso evolutivo en una sociedad que ha eliminado la inteligencia lenta pero inexorablemente y que, como sostiene Aprile, si bien ha servido al hombre en los inicios de la historia para sobrevivir y progresar, ahora se ha vuelto un arma letal en una sociedad jerarquizada y burocratizada hasta el punto en que todo lo que salga, por leve que sea, de esa alineación, de esa balsa homogénea de ideas que pretenden igualar a todos, se convierte en un subversivo, en un peligro para la comunidad, en definitiva, en un ser inteligente que está fuera de los cánones establecidos para la convivencia plácida que nos otorga la igualdad del hombre-masa, del estúpido plácido, amodorrado y anestesiado que permanece impasible ante las cosas importantes, transcendentales y que desarrollan hacia el futuro y hacia el progreso de la vida.

 
En todos los cargos de poder, la imbecilidad domina, manda, y el poder no necesita talento. El poder radical intenta igualar a la baja la media de la inteligencia de un país, de ahí los exilios de las mentes más brillantes, de las desapariciones, de las muertes, de la hoguera … Son para ese tipo de poderes, las mentes lúcidas las que suponen un peligro y los tachan de subversivos, de elementos rebeldes, de problemáticos. Eso de cara a la galería. Saben perfectamente que serían los únicos capaces de derrocarles por méritos propios. Y este poder déspota no sólo se da a nivel gobierno de naciones y políticos, se da a nivel empresa, trabajo, compañeros incluso, todo aquel que se ve amenazado en su imbecilidad por alguien que se ha desmarcado de la estupidez cotidiana, que generalmente todo lo inunda.
Son las personas inteligentes, o con una inteligencia notoria, las que crean en los demás los celos y los recelos.
El estúpido se encuentra en todas las jerarquías, y son éstas precisamente las que más colaboran para que la estupidez se incremente. Un sistema burocrático no puede funcionar si no tiene como base bien fundamentada la estupidez. Hay que seguir siempre las mismas reglas, sin plantearse absolutamente nada fuera de ellas, sino el sistema se derrumbaría. Es la propia estupidez la que da consistencia formal a la sociedad.
Desde la escuela se intenta destruir todo lo que sobresalga fuera de un programa establecido como común para todos los estudiantes. La genialidad se va difuminando, y va cerrando todas la vías, desde edades muy tempranas y así llegamos a la mediocridad general desde la más tierna infancia.

No se protegen ni se estimulan las dotes innatas de los individuos, sino que por el contrario se las menosprecia y se intenta por todos los medios eliminarlas. Se pretende hacer una sociedad homogénea, una igualdad adormecida en la imbecilidad, un sofoco de ideas nuevas son consideradas un peligro para un equilibrio social.

Quizá sea esa la fórmula adecuada y sea la receta para conducir un rebaño. Pero un rebaño es fácil de manipular cuando está falto de ideas nuevas. Todo es previsible y el poder, en cualquier ámbito de la vida, maneja con facilidad ese modo de agrupamiento. Si uno entre cien se desplaza un poco de ese movimiento estupidizado, será sofocado instantáneamente para que no revolucione al resto de los alineados. Las jerarquías y las ‘burrocracias’ no se pueden violentar, se desmoronarían. Sería la catástrofe de una sociedad establecida.

 

La estupidez es un sistema de autocracia impuesta por aquellos que pretenden la fácil manipulación de una sociedad cegada por una igualdad cada vez más reducida de miras.

Aprile, fundamenta su exposición en cinco leyes principales, resumen preciso de su particular visión de la estupidez en una sociedad que va alcanzando cada día sus cotas máximas. Entre el humor, la ironía, la observación de los comportamientos de la sociedad actual y pasada, recorre su primigenia idea de la estupidez como modo actual de supervivencia: “Los inteligentes han construido el mundo. Pero quienes lo disfrutan y triunfan el él son los imbéciles”. Cabría preguntarse aquí cuál fue la gran semilla del error para que en esta sociedad actual se convirtiera en un elemento peligroso: La inteligencia.

Estas leyes son de una gran retórica humorística, pero muy ciertas:

El fin de la inteligencia

Primera Ley: “El imbécil sobrevive. El genio se extingue”.
Corolario de la Primera ley: “Antes tontos que muertos”.

Segunda Ley: “El hombre moderno vive para volverse tonto”.

Tercera Ley: “La inteligencia actúa en beneficio de la estupidez y contribuye a su expansión”.
Yo lo traduciría como el arte del dormir plácida y perezosamente sobre lo que otros han pensado, han descubierto y han conseguido utilizando la inteligencia. Todos a calentarse al fuego que otro ha descubierto utilizando el cerebro. Ya no es necesario seguir poniendo en marcha las neuronas. A parasitar promoviendo la estupidez.

Cuarta Ley: “La imbecilidad sólo puede aumentar”.

Quinta Ley: “La unión no hace la fuerza sino la imbecilidad”. Excepción que confirma esta ley es la cooperación entre personas dotadas de grandes capacidades. Funcionan como un reproductor de la inteligencia, en lugar de un reductor. De este tipo de grupos hay pocos. Lo habitual es el agrupamiento y dentro de él siempre tendente a igualar a la baja.
Después están los que se bastan ellos solos para da fe de su imbecilidad. Tampoco podemos olvidar a este tipo de individuos que buscó salida a su estupidez riéndose de todo con la simpleza de cantar una canción trivial y luego sonreír plácidamente. Y además recomendarlo a los demás como terapia para narcotizar su inteligencia.

 

Ante tanta arena, que me den cactus. Prefiero un debate aguijoneador que lo insípido de la sonrisa vacía y feliz.
Así que después de la lectura de éste libro sonría por favor y déjese caer en la dulzura beneplácita de la estupidez diaria y cotidiana.
Y, recordando, a cuenta de toda esta exposición, las sabias palabras que dicen: “Sin duda alguna, alguien ha descubierto que la mejor manera de evitar el sufrimiento… es la imbecilidad generalizada. Todo indica que este proyecto benevolente progresa adecuadamente”.

O para quien tenga ánimo de sacar los pies fuera de ese tiesto, aprenda de este libro lo que no debe hacer, para así seguir desarrollando sus facultades neuronales. No abandonar su conexión con la inteligencia de la que en principio, hemos sido todos dotados.

 

 

‘La Cueva de Zaratustra’

 

“Es posible que la imbecilidad siempre este presente, que sea el demonio. Pero la inteligencia no puede guiar nuestra vida completamente, ya que hay otros factores que no son percibidos por la razón. Por eso creo que siempre es necesario una dosis de imbécilidad en nuestra existencia, por algo debe de existir, y debemos usarla a favor.”

Quim Pedret

 

Eleogio del Imbecil – Reflexión 2ª

Después de entregarle el carné de identidad, la señora de la ventanilla me dijo sin mirarme y con extremo desagrado: “Déme su número de Seguridad Social”. ¿Mi qué?, me pregunté. Yo sabía de la existencia de tal cosa: El número de la Seguridad Social, a pesar de que no me considero ningún número y a pesar de que, ni mucho menos, experimento ningún tipo de seguridad, y menos social.

“No lo tengo”, respondí tranquilamente, esperando que la señora funcionaria supiera cómo hacer frente a esa situación. Por lo visto ese número aparece en la tarjeta sanitaria, que evidentemente yo no llevaba encima porque esto que os cuento ocurrió en ese plácido tiempo en el que yo jamás fui al médico.

La señora de la ventanilla va y me dice: “No, si tu número de Seguridad Social me aparece aquí -señalando la pantalla de su ordenador- pero te lo tengo que pedir a ti”. La contemplé prendado de fascinación. La mujer me pedía un dato que ella ya tenía, a sabiendas de que yo no llevaba el número, pero me lo tenía que pedir. “Vaya, una imbécil”, murmuré, y en ese mismo momento la verdad cayó sobre mí, desterrando todo atisbo de buena intención.

Como ya os imaginareis, la gestión supuso no sé cuántas visitas más, horas perdidas, tiempo regalado, vida robada que aquella mujer y sus métodos fueron capaces de arañar. Un imbécil en una ventanilla es temible, invencible y todopoderoso. ¿Por qué? ¿Por qué hay tantos imbéciles en el mundo? ¿Son la mayoría? ¿Por qué están colocados, como piedras en el camino, justo en el lugar en el que provocan que la paralización del correcto funcionamiento de las cosas? No podía deberse a la casualidad. Pocas cosas lo son. Las cuentas no me salían: era imposible, pese a la cantidad de imbéciles existentes, que todos hubiesen llegado a ocupar cargos de responsabilidad, ventanillas concretas, altares de jefatura. Desde ese momento dejé de discutir y evité de ese modo el desagradable trato con imbéciles, que además tiene la consecuencia inevitable de volverte imbécil a ti también, a ti, sí, que duermes ocho horas diarias, que te alimentas de forma equilibrada, es decir: Tú, que tienes la mente en condiciones.

El Homo Sapiens, una vez que consiguió aumentar su número hasta garantizarse la supervivencia, pasó a necesitar la imbecilidad como arma para seguir poblando el planeta en la cúspide de esta cadena alimenticia, que hace que los pollos y las terneras, y no nosotros, estén en los mostradores, despiezados y jugosos. Muy sarcástico, Aprile narra cómo el Cromagnon se impuso al Neandertal, más dotado que él en capacidad craneal, y da explicación puntual a cómo las muchedumbres necesitan de la imbecilidad para continuar.

Einstein se preguntó: ¿Cómo es posible que casi todo se inventará hace siglos, y que ahora, que somos en número más que nunca, no inventemos apenas nada? Claro, él reflexionó magistralmente sobre el espacio-tiempo, pero no lo hizo sobre los imbéciles.

Cuando los héroes de Troya regresaban, se encontraron con una gran cantidad de parientes imbéciles en los que no se reconocían, ya que los menos capacitados, los más imbéciles, se quedaron atrás, reproduciéndose y perpetuando la especie. La guerra, por tanto, es un método que la evolución ha inventado para controlar y mermar la inteligencia.

Tantas cosas nos alertan del peligro de la excesiva inteligencia.

Aprile nos revela el porqué de que las jerarquías, los mejores puestos, los de más responsabilidad, estén ocupados, indefectiblemente, por tarados, discapacitados, no aptos en definitiva. ¿Qué me diréis de los que nosotros conocemos? ¿Os habéis detenido a hacer la lista de los políticos que tenemos ahora? Es asombroso. Esos tipos, en cualquier pandilla juvenil serían a los que mandaríamos siempre a por tabaco y pipas, y sin rechistar, son los que nos mandan. Por no hablar de banqueros, empresarios, presidentes de clubes de fútbol, presidentes de comunidades de vecinos…

La funcionaria que me pidió el número de Seguridad Social, es la cúspide de millones de años de evolución de la imbecilidad. Me extinguiré callado, ocultando la mucha inteligencia que mi cerebro haya llegado a desarrollar. Y sin saber cuál es mi número de Seguridad Social.

 

La2Revelación 2010

Quim Pedret desde Vilajuïga

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres